En
1974 Mario J. Molina se convierte en uno de los precursores para el
descubrimiento del agujero de ozono antártico, fue un co-receptor junto con
Paul J. Crutzen y Frank Sherwood Rowland del Premio Nobel de Química en 1995
por su papel en la dilucidación de la amenaza a la capa de ozono de la Tierra y
de los gases clorofluorocarbonos (CFC), convirtiéndose en el único ciudadano
mexicano en recibir un Premio Nobel de Química. Desde 1986 hasta nuestros días
la empresa sinaloense (única planta en Sinaloa) Química Mexicana se ha
encargado de crear productos para la purificación del agua mediante procesos
químicos.
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